10 razones para contratar a un escalador

No son pocos los entrevistadores que, aún a día de hoy, guardan ciertos prejuicios sobre los escaladores. Incluso existen algunos expertos en recursos humanos que aconsejan omitir tal información en el curriculum o en una entrevista. La mayoría de las personas que nunca han probado la escalada, se dejan guiar por la fama de actividad extremadamente arriesgada de la que goza nuestra afición. De esta forma, consideran que si contratan a un escalador, éste permanecerá más días de baja que en activo o que tomará decisiones alocadas en su puesto.

Frente a tales prejuicios, pondremos el siguiente ejemplo: ¿Es arriesgado conducir? Depende, puedes respetar todas las normas de tráfico y circular siempre por debajo del límite o puedes duplicar sistemáticamente los límites de velocidad establecidos y hacer caso omiso a las demás señalizaciones. De la misma forma, un escalador puede permanecer dentro de los límites seguros de la actividad o puede escalar en Free-solo (sin cuerda). Así, los escaladores sólo solemos cometer la locura de madrugar en fin de semana para disfrutar de nuestra pasión.

Resiliencia

Cuando practicamos escalada, estamos acostumbrados a luchar contra la frustración. A todos nos ha ocurrido, intentar un paso decenas de veces, llegar a pensar que nunca lo haremos, pero tras ser constantes y no rendirnos, finalmente conseguir ejecutar el paso a la perfección. En la mayoría de los casos, el fracaso se traduce más en un revulsivo que en una resignación para el escalador.

Capacidad para trabajar bajo presión

En prácticamente la totalidad de las jornadas de escalada, nos vemos obligados a tomar decisiones bajo presión. Por ejemplo, te encuentras en mitad de la pared y dudas de si serás capaz de llegar a la siguiente chapa, tus músculos están fatigados y tu compañero de cordada ha encadenado la vía justo antes de tu ascensión; por supuesto, no quieres caerte. De esta forma, te acostumbras a actuar bajo presión, juzgando meticulosamente la situación e impidiendo que el estrés o el miedo te condicionen.

Espíritu de superación

En ocasiones, no eres capaz de ejecutar un movimiento, lo intentas una y otra vez, pero se te resiste. Es en ese punto, donde los escaladores desarrollan un ferviente deseo por superar tal desafío y comienzan a prepararse física y mentalmente para acometer su objetivo. Por lo general, a los escaladores no nos gusta acomodarnos, sino que tratamos de empujar nuestros límites continuamente.

A diferencia de otros deportes, en la escalada resulta relativamente sencillo medir tus progresos día tras día. Así, siempre mantienes una referencia de tu nivel y puedes ir aumentando el listón progresivamente.

Trabajo en equipo

En casi todas las modalidades de escalada, es necesario tener al menos un compañero. En este sentido, la actuación de tu acompañante influirá directamente en la tuya. Es necesario que confíes al 100% en él y que os compenetréis a la perfección, sólo así podréis obtener los mejores resultados. Sobra decir que en un deporte en el que sueles estar colgado a cierta altura, la sintonía entre ambos compañeros debe ser máxima para evitar posibles situaciones de riesgo. Existen pocos deportes en los que el trabajo en equipo juegue un papel tan vital como en la escalada.

 

Autoconocimiento

En las situaciones de tensión e incertidumbre es cuando mejor se demuestra de qué pasta estamos hechos. En esta línea, cuando escalamos, solemos explorar nuestros límites físicos, pero sobre todo mentales. Es precisamente en esos momentos, cuando descubrimos nuestro comportamiento frente a situaciones de estrés, y sólo cuando logramos un gran autoconocimiento y control de nuestro cuerpo y mente, resolvemos exitosamente tales tesituras.

Pasión

Desde luego, se necesita amar enormemente la escalada para levantarte un domingo a las 8 de la mañana con el único propósito de subirte a unas cuantas piedras, más aún cuando la temperatura es casi bajo cero. Algunos lo llamarán locura, otros fuerza de voluntad, pero nosotros preferimos denominarlo pasión, o mejor dicho fanatismo. Somos unos auténticos fanáticos del aire puro, de la asombrosa naturaleza, de querer recortarle distancia al cielo. Y esa dedicación la trasladamos a todas las facetas de nuestra vida.

Competitividad sana

Los escaladores somos, por lo general, personas con espíritu competitivo. Siempre queremos ganarle la partida a nuestra adversaria, la roca. Por supuesto, cuando escalas con personas de tu mismo nivel, tienes ese deseo de querer encadenar antes que los demás, pero se trata más bien de una competitividad constructiva, te alimentas de las actuaciones de tus compañeros. Así, cuando dos escaladores tratan de resolver el mismo problema de escalada, comparten consejos, se animan mutuamente y cuando la otra persona lo resuelve, te alegras más que cuando lo haces tú.

Razonamiento lógico/analítico

Cualquiera que haya probado la escalada, sabrá que es necesario razonar mientras escalas para escoger el camino o la secuencia de movimientos más eficaz y eficiente. Es decir, los agarres que elijas y la forma en que los uses condicionará tu gasto de energía y el éxito o fracaso de tu ascensión. Así, el papel jugado por tu capacidad de análisis y de toma de decisiones será en la mayoría de los casos más importante que el apartado físico.

Compañerismo

En todos los deportes de montaña, existe una empatía generalizada entre sus practicantes. De forma que, siempre tratas de ayudar a aquellos que comparten tu pasión. En este sentido, no sólo compartimos material (guías, esparadrapo, navaja, cintas exprés, crash pad, etc), sino que frecuentemente solemos compartir nuestras jornadas de escalada con otros escaladores, hasta entonces desconocidos. Es decir, si un día ninguno de tus amigos puede escalar, tienes la opción de ir tú solo y no tendrás problema en que te adopten en cualquier grupo de escalada.

Concienciación y civismo

Nuestro querido Kelly Slater dijo que “Cuando una persona se convierte en surfista, de forma casi obligada se convierte en ecologista”. Tal aseveración es 100% trasladable a la escalada, puesto que cuando una persona se convierte en escalador, instantáneamente comienza a desarrollar cierta sensibilidad hacia la conservación del medio ambiente. Incluso, en ciertas ocasiones, el contacto con la naturaleza y el ambiente insuperable que se crea entre escaladores, nos impulsa a convertirnos en personas más cívicas y a intentar predicar con el ejemplo.

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